Cambio de Relato

El Chino Argüello, un franco, un colectivo y una función de teatro

( parte 1 )

-Chino, ¿te querés venir este fin de semana a Bolívar?

El Chino Argüello era un compañero de colimba. Tucumano, músico de hard metal ( bajista) y estudiante de ingeniería electrónica, que tenía franco ese fin de semana al igual que yo, pero sin tiempo para irse a su Tucumán. Todo un personaje el Chino. Yo me venía para acá en un Ñandú del Sur que pasaba por la rotonda de la 226 y la 65 camino a Rosario y que no entraba en Bolívar. De ahí veníamos caminando.

No lo pensó mucho el Chino. Quedarse en el BIM 1 no era simpático ni agradable. Nunca, en realidad, pero menos aún los fines de semana. 

Vestidos de civiles, lo que éramos y no los colimbas que nos obligaban a ser, hicimos ese viaje supongo que hablando del futuro. Porque a los 20 años uno no hacía más que hablar de lo que vendría, con poco vivido para rememorar y mucho tiempo para recorrer.

( parte 2 )

No recuerdo demasiado de esos días. No sé qué hicimos en general. Sé que el Chino Roberto Argüello se quedó en mi casa, que era la casa de mi mamá en Pellegrini 675, en aquel fin de semana de octubre de 1982. Pero sí recuerdo lo que hicimos el sábado por la noche: fuimos al teatro.

Más precisamente a la vieja sala de El Mangrullo, arriba de La Cultural. Fuimos a ver a unos amigos que empezaban algo de lo que yo había sido parte en su “precuela”. Esa noche era la segunda o la tercera función de Historia del Zoo, la obra de Edward Albee que dirigía el Negro Santos Vega (Quesito por entonces) y en la que actuaban mi compañero de escuela primaria y también de teatro Walter Álvarez y un amigo porteño llamado Gustavo Bonamino, al que había conocido quizás en Cronos, tal vez en Horus, cuando no tenía donde quedarse ese fin de semana y había terminado también en Pellegrini 675. Hospedaje que usó más él que yo en mis tiempos de colimba.

( parte 3 )

Con música de Piazzolla y Gerry Mulligan (Reunión Cumbre) que había facilitado en un vinilo Jorge Suárez y que ponía desde la cabina Daniel Riera, después de larga ausencia (guerra mediante) volvía a ver teatro.

Gustavo comía una manzana mientras entrábamos los espectadores y en el escenario un banco de plaza (que había sido sustraído de alguna por los propios integrantes del elenco y que sería devuelto a la municipalidad algunas décadas después) Y luego la historia pergeñada por Albee. No me acuerdo mucho más.

Apenas que el Chino recorrió las instalaciones eléctricas de la sala, observó lo que se usaba de tablero de luces y dejó un diseño eléctrico que luego se transformaría en el tablero gigante del Teatro Coliseo que estuvo en funcionamiento hasta no hace mucho.

Son recuerdos de hace 4 décadas. Una vida pasó en el medio. De los teléfonos grises a los celulares, las computadoras, las redes, tanto cambio de formas, tanta tecnología transcurrida, tanto vaivén ideológico. Aquel mundo de milicos en el poder en representación de los poderes económicos a este, de los poderes económicos galopando sobre las derechas espantosas del mundo. De aquellos que soñábamos a estos que recordamos.

( parte 4 )

En el medio, aquella idea que dio inicio a un grupo de teatro, que se subió a escena en una sala que ya ni siquiera funciona como tal, cumple , como estos recuerdos, 40 años.

Hacer teatro con una mirada contemporánea (“Vivimos tiempo muy contemporáneos” , le diría el Mendieta a Inodoro Pereira), de allí se forjó el nombre que dio lugar al apócope. Arte Teatral Contemporáneo. Artecon.

Todo aquel que fue parte tendrá sus recuerdos, o sus olvidos, sus memorias y sus desmemorias. Su momentos alegres, sus momentos tristes, sus amores, sus desamores, sus promesas, sus incumplimientos, sus logros y sus deslogros, sus luces de escena, sus oscuridades de vida, sus ensayos y sus estrenos, sus salas llenas y sus salas vacías. Nadie escapa a los vaivenes del teatro, nadie escapa tampoco a los de la vida. Tantas eternidades prometidas, y tanto efímero cumplido, tanta palabra empeñada y tanta palabra olvidada.

Cuatro décadas de gente en pugna, comprometidos con llegar a buen destino cada pregunta hecha en forma de obra, con la elección de la coherencia. Con la decisión de la no neutralidad, con buenos trabajos, con mediocres y malos. Construyendo colectivamente, la única forma de ser vitales tras tanto tiempo. Deponiendo egos, cuando se puede, asumiendo sujetos colectivos, también cuando se puede.

( parte 5 )

En algún lugar del tiempo estoy viajando en el Ñandú del Sur que se anunciaba a Rosario y que me dejaba en el cruce de la rotonda. Seguramente el Chino Argüello se va riendo en el asiento de al lado y hablamos del futuro. Yo sé que voy a ver una función de Historia del Zoo que hacen “los chicos”. El Chino dice que mucho no le copa el teatro, pero que más vale que va. Debemos ir fumando, porque se podía fumar en los micros en octubre del 82. O quizás no, porque seguro no tenemos plata para comprar puchos. Lo que no sé es que 40 años después estaré escribiendo esto que escribo para celebrar que aquella idea que empezaba cuando el Siglo XXI era una lejanía aún está: vivita y actuando.

No volví a ver al Chino Argüello desde que terminamos la colimba. Lo he buscado en redes sin encontrarlo.

El Negro Vega, Walter, Gustavo y yo ya no somos aquellos veinteañeros.

Gustavo come una manzana al borde del escenario.

Las luces se apagan.

Comienza la función.

Artecon está viviendo.

Duilio Lanzoni